sábado, 31 de mayo de 2008

Un joven durmiendo placidamente bajo la sombra de un muro


El reloj marcó las doce, señal de aún más ando a las corridas de la ciudad.
Todos apremiados en el tiempo, escasos de espacio se encimaban.
Manuel cansado, fatigado de tanto día para nada, de desplaza fatigosamente.
En su andar lo salpicaron baldosas flojas; sufrió empujones de apresurados y se recibió de acróbata al cruzar la Avenida Figueroa Alcorta.
Se enfrenta con los muros del ferrocarril; ahora pintados por las gentes. No lo dudo se quitó el saco; se aflojo su corbata y se sentó desplazándose, su mano izquierda sobre su portafolio.
Detuvo a un vendedor de bebidas, compró una, y bebió. Se durmió. Soñó. Y se veía siendo un notorio periodista.
Después cuando el reloj marcó las catorce horas, se compuso, se dirigió a su oficina, encendió el aire acondicionado, pidió un sándwich y agua mineral sin gas.
Se instalo frente a su computadora y se puso a escribir, un texto que título:” Un chico durmiendo plácidamente a la sombra de un muro”.
Fue premiado

1 comentario:

Alichín dijo...

¡EXCELENTE FINAL! ME HA GUSTADO MUCHO ESTE CUENTO. EN SU BREVEDAD ENCIERRA UN MUNDO DE SIGNIFICADOS. UN FUERTE ABRAZO.