sábado, 31 de mayo de 2008

Música

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El antiguo tocadiscos pasaba la melodía que acompaño a Marta a lo argo de tantos años y sabores; subiéndola más y más.
Ahora, ala mitad de sus días, volvía esa constante, aquellas notas de Bach saltaban, repiqueteaban otras, y, en ella también, pero no compases sino tanto vivir, tanto hacer, tanto correr.
Miró a su alrededor la profunda quietud; todo tan equilibrado y perfecto. Había llegado, porque allá a sus veinte años pensó que podía, y udo!
Sonrió mirando al infinito, a través de dos lágrimas. Reía y lloraba. Era feliz. La música se detuvo, para dar ligar al timbre de su vivencia, en él una correspondencia. Una carta de Juan.
Nuevamente varias melodías la inundaron.

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