sábado, 31 de mayo de 2008

Re- impregnarse


La inmensidad del mar descubrió a Fernando desplegando una vez más aquella sonrisa, que tanto efecto producía a los demás, a excepción de Bárbara.
Postergó su acercamiento a ella y echo a volar su mirada desde el verdor de sus pupilas, mientras sus pies jugueteaban con aquél ocasional guijarro.
De sus labios una sonrisa más tenue, un suspiro brotó y un intento anhelante tomó el guijarro en su mano añosa, calmadamente se acercó a Bárbara, no sonrió, solo le entregó el guijarro, y en el su sentimiento.
La tarde continuó su curso, a través del atardecer se descubrieron re impregnados de tiempos y espacios, soles y lunas, arenas y tanta, tanta energía, fluido vital de ese todo, único mágico que ahora a sus vidas maduras arribaba, como barco a puente seguro.

1 comentario:

Alichín dijo...

Interesante... La energía del amor es tan fuerte que puede convertir un simple guijarro en un tesoro.
Te felicito. Tus narraciones son hermosas y aleccionadoras. Un fuerte abrazo. Alichín